Las instituciones en la mira de Dios
“No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal (o social), de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias, ni tampoco presentéis vuestros miembros (o instituciones) al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios, como instrumentos de justicia” (Romanos 612-13)
En el cuerpo social –como en el mortal- Dios nos recomienda que no reine el pecado, pues si permitimos que el pecado reine en nuestro país, después tendremos que obedecerlo en “sus concupiscencias” o actividades ilícitas, causando el mal en nuestras vidas y la ruina de la nación. Desde luego que en el cuerpo social, quienes introducen y practican el pecado son hombres y mujeres, que puestos en eminencia y autoridad, con sus acciones hacen que el pueblo gima. (Prov. 29:2-3)
Por ello y la Biblia nos dice que cuando los hombres (y las mujeres) que están en eminencia son justos, su “justicia engrandece a la nación”; pero cuando esos hombres y damas son pecadores, su pecado es “afrenta para a las naciones”.
De igual manera, Dios nos recomienda que tampoco presentemos a los “miembros” del cuerpo social, (que son las instituciones en sus distintos órdenes) como instrumentos de iniquidad, sino como instrumentos de justicia.
Esta palabra es muy sabia y debiéramos escucharla, pues de no hacerlo, nuestro Creador tendrá que llevarnos a la prueba de la ingobernabilidad, como nos ha llevado en 1810, 1857 y 1910, donde permitió que las fuerzas populares se desbordaran y por medios violentos, impusieran a los pecadores de aquella época y a los pudientes que los patrocinaban, una lección que dejo marcadas sus conciencias y lastimado a nuestro pueblo.
En días recientes, las “Honorables Instituciones” han estado en la mira de los mexicanos: La Presidencia de la República, por tener un ejecutivo parcial, que no ve, ni oye, ni palpa la realidad nacional (esta en foxilandia, como dicen algunos) y que metió las manos en el proceso electoral, ganándose el tilde de “Traidor a la Democracia”.
El Tribunal Federal Electoral (TRIFE) y la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) instituciones de nuestro sistema judicial del gobierno, muy importantes para la estabilidad del país, pues uno da la ultima palabra respecto al resultado de las elecciones federales y la otra, en cuanto a los casos de justicia nacional en su última instancia. Estas instituciones provocaron el escándalo nacional, cuando sus magistrados cometieron el pecado de fraude ordenado por el ejecutivo en el primer caso y de incongruencia en el segundo, con el intento de desafuero y la injusticia del caso Cacho Marín.
Y sigue una larga lista de instituciones corrompidas, a las que ya los ciudadanos han perdido la confianza y que por ello no tienen credibilidad en sus acciones y la mayoría de los mexicanos, vemos el pecado enquistado, a tal grado, que parecen instrumentos de iniquidad y no de justicia como debieran ser.
Debemos comprender, que si quienes están en eminencia, en el poder y con la responsabilidad de la gobernabilidad, son los primeros en violar las normas de derecho que rigen a nuestras instituciones, ¿cómo pueden pedirle al pueblo, empobrecido, engañado y ofendido, que “respete a las instituciones” y se “someta a ellas”? Como nos dice Amiel, en su “Diario Intimo” en 1864, “Las instituciones no valen más, que lo que valga el hombre que las aplica”, pues si el hombre que nos gobierna es un hombre lleno de la gracia y de bondad, aplicará su sabiduría y su bonhomía al aplicar la ley, pero si el hombre es malo y perverso, lo veremos en necedad, obedeciendo a los mafiosos, pederastas y avarientos para trastocarla. Recordemos que la ley, por si misma, no es ni buena ni mala, pues su bondad y su maldad, se vera cuando un magistrado la aplica.
Por ello, la Iglesia de Jesucristo, no debemos avalar a un sistema de instituciones que no garantizan ni la erradicación del pecado en las altas esferas del gobierno, ni el combate a la impunidad, ni la entrega de nuestros recursos naturales al extranjero, ni el desarrollo sustentable que erradique la pobreza y sobre todo, que no garantiza la alternancia democrática del poder y las reformas de Estado que se requieren.
Solo se salva a estas alturas la Institución del Ejército Mexicano, el cual no obstante estar formado por generales con una visión liberal y juarista, han aguantado estoicamente las posturas de un presidente religioso y derechista, que ni se respeta a si mismo, ni hizo respetar la institución presidencial, ni ha respetado a quienes no pensamos como él. Los generales inteligentemente, no han permitido que el ejército se convierta en instrumento de represión contra el pueblo y que con violencia, se subsane la falta de disposición al dialogo y a la concertación. Lastima que las fuerzas navales, no parecen tener una visión histórica y esta consistencia moral.
Por otra parte la escritura nos dice, a quienes conocemos a Jesucristo, que nos presentemos nosotros mismos a Dios, como “vivos de entre los muertos” y nuestros miembros (o instituciones) a Dios, como “instrumentos de justicia”. Lo anterior quiere decir, que tratemos de ser diferentes a lo que el mundo nos ofrece, que seamos luz en las tinieblas y sal que detenga la corrupción y que las instituciones que formemos (orfanatorios, asilos, casas de rehabilitación, institutos bíblicos, etc., etc.) sean instrumentos de justicia para la sociedad, que habiendo sido herida por el pecado, debe ser restablecida por el trabajo cristiano.
Respecto a las instituciones públicas, debemos exigir que se cambie a los magistrados, jueces y hombres corruptos que las conforman –salvo honrosas excepciones- y que vengan otros, de buen testimonio, que apliquen la ley sin acepción de personas, y en estricto apego al derecho, pues de lo contrario, el pueblo –en uso de su soberanía- cambiara a las instituciones que ya no sirven y se hará justicia por propia mano.
¿Pero, no seria adecuado que los cristianos abordaran ya, las esferas de eminencia política, para que nos gobernaran los justos y el pueblo se alegrara? Hacemos un llamado a los pastores, sacerdotes de bien y líderes religiosos, para que suelten a sus jóvenes, para que aquellos que tengan dones para la política y la administración pública, vengan a llenar, este enorme hueco que hay en las instituciones públicas, para que sean instrumentos de justicia, y no de iniquidad.
C.P. MANUEL GUZMAN PEREZ