Dos gritos, ¿pueden dar más libertad?
“..os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados…soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:1-3)
Con gran entusiasmo los mexicanos en el mes de Septiembre, esperamos una de nuestras mejores tradiciones: el Grito de la Independencia Nacional. Con gran alegría nos ataviamos con trajes regionales, nos reunimos con la familia y los amigos, preparamos los platillos típicos, la música ranchera, arreglamos la casa con banderitas y vemos por televisión “el grito que da el Señor Presidente de la República”, desde el balcón principal del palacio nacional, repitiendo sacramentalmente los vivas a nuestros héroes “que nos dieron Patria y Libertad” y ondeando con orgullo nuestro lábaro patrio y repicando la campana “original” de Dolores; para finalizar gritando llenos de desbordado patriotismo: ¡Viva México!, ¡Viva México!, ¡Viva México! –Todo esto- como una reafirmación en nuestras almas, de que somos libres, independientes y soberanos de cualquier nación o potencia extranjera. Y cerramos la fiesta con “fuegos de artificio”, con los cohetes y las cornetas, sea que se toquen en la calle de la casa, o en el zócalo de nuestra ciudad.
Estas hermosas tradiciones septembrinas, nos daban unidad como pueblo, cohesión como república y orgullo como nación. Y digo nos daban, porque desgraciadamente el pecado, ha interrumpido nuestro diario devenir y nos ha enfrentado a los mexicanos, haciéndonos salir de la vocación con que fuimos llamados por Dios, para ser una de las naciones cristianas que mostraran al mundo, que se puede vivir en paz, prosperar en bendición y disfrutar de la alegría de vivir bajo el manto protector del Creador.
Durante muchos años, manteniéndonos en un centro-izquierda moderada, fuimos capaces de equilibrar las fuerzas sociales y tener un desarrollo compartido en libertad, en igualdad y sobre todo, en la preocupación por los pobres, a los cuales se les daba en cada sexenio, algún avance en sus prestaciones sociales y se aplaudía los esfuerzos de cada presidente, por haber obtenido el consenso y poder salir al balcón de palacio, con la frente en alto ante los miles de mexicanos reunidos en la “plaza de la Constitución, a “dar el grito” llenando los corazones de esperanza y de nuevos bríos para seguir adelante en la vida nacional.
¿Qué ha sucedido en nuestra Patria? ¿Por qué los mexicanos hemos permitido que el pecado nos separe y nos divida? ¿Por qué hemos permitido que los excesos de nuestros gobernantes nos quiten la certeza de la autoridad?
En esta ocasión tendremos dos gritos: Uno en Dolores Hidalgo, dado por el Presidente Vicente Fox Quesada –que se declara religioso, empresario, de derecha, amigo del neoliberalismo- y el otro, dado por el Jefe del Gobierno, en el Distrito Federal, Señor Alejandro Encinas -que sabemos es irreligioso, intelectual, de izquierda y enemigo del neoliberalismo- y ambos gritos, nos están
dando la mala señal, de que no hemos podido subsanar, una polarización de la política nacional y no hemos podido “soportarnos con paciencia” los unos a los otros.
Pero la práctica en otras naciones nos enseña, que se puede convivir en gobiernos de cualquier signo, siempre y cuando tengamos la visión de que debemos tolerarnos, aceptarnos y respetarnos los unos a los otros, pues somos una nación que bajo cualquier tipo de gobierno, debemos mantenernos unidos para prevalecer ante el mundo y no ser depredados por las potencias mundiales.
Dos gritos no nos darán mas libertad, sino que nos mostrarán ante el mundo divididos y vulnerables.
Si queremos obstinadamente hacer prevalecer nuestros puntos de vista religiosos, políticos, económicos y sociales, no podremos mantener “la unidad del Espíritu”. Si en la democracia obtuvimos el poder y no queremos cederlo, pretenderemos gobernar, no por “la fuerza de la razón”, sino por la “razón de la fuerza”, creando el clima de confrontación, intolerancia, angustia y zozobra que a todos nos hará fracasar.
Lo mejor será que pensemos con calma acerca de nuestro destino. No se puede vivir en el “vínculo de la paz”, si no se respeta genuinamente el contenido de la ley electoral, si no se respeta el resultado de nuestras elecciones, si no se acepta que quien convenció a mas compatriotas, sea el que gobierne a nuestra nación, si nuestros tribunales no dejan de ser serviles burócratas del ejecutivo en turno y si nuestros legisladores no se dan a la tarea de convivir y negociar acuerdos en beneficio del país.
Debemos erradicar el pecado de nuestras esferas de gobierno. No puede ser que un Presidente de la Cámara de Diputados, le diga “papito” a un pederasta y delincuente. No podemos dejar pasar el fraude y tener “gobiernos paralelos”, no podemos atender a dos gritos, pues uno solo es el grito de independencia de los mexicanos y ese es el grito de los hombres de bien, de los hombres que quieren vivir respetándose y respetando a los demás, de los que quieren que haya justicia para todos y de los que cada día, comprenden que deben cambiar ellos, para que podamos cambiar en conjunto a nuestra nación.
De nada nos sirve dar dos gritos, declarándonos “libres” si somos esclavos del pecado y terminamos en la borrachera de la incomprensión.
C.P. MANUEL GUZMAN PEREZ