2007 : Hagamos un pacto con Dios
ISAIAS 55:3 “Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David”
El Dios de los cristianos es un Dios accesible. Nos habla con claridad en su palabra y nos invita a tener una relación con El, no una “religión”. Es increíble que millones de personas –por ignorar las sagradas escrituras- se pacten con Satanás y seamos pocos, los que estamos pactados con Dios.
La verdad es que todo ser humano desea lo mejor para el, para su familia, para su grupo de amistades y en su animo de prosperar y estar en eminencia, muchos artistas, políticos, empresarios, comerciantes, profesionistas y gente de nuestro pueblo, caen en la trampa puesta por el enemigo de nuestras almas y recurren en su desesperación a un brujo, a una hechicera, a un “psíquico”, a un espiritista o a un satanista, con el fin de “hacer un pacto” con el maligno y ver cumplidos sus deseos de tener riqueza con tristeza, poder con angustia, o fama con maldición.
Generalmente al iniciarse un nuevo año, es cuando tenemos mas conciencia de que debemos cambiar para mejorar. Es cuando hacemos listas de “buenos propósitos” o cuando queremos que nos venga “la buena suerte”, cuando buscamos “algo” que nos quite de la triste situación en que vivimos. Algunas personas siguen “consejos” como ponerse ropa interior roja, o sacar maletas al sonar las campanas del arribo del nuevo año, o tomarse doce uvas, o hacerse “limpias” que los ensucian espiritualmente.
Pero Dios, que es bueno con sus criaturas nos dice en este tiempo: “Inclinad vuestro oído (a mi palabra) y venid a mí”. Dios es claro en su comunicación con nosotros. Así como nos advierte que no nos hagamos imágenes, ni nos inclinemos a ellas, ni las honremos (Éxodo 20:1-5); así en este versículo nos dice que vallamos a El, porque en ninguna otra fuerza espiritual, obtendremos la bendición y la prosperidad, como alineados con el todopoderoso.
Más adelante nos advierte, que si queremos que nuestra alma “viva” en la plenitud de felicidad, realización y éxito, debemos oír lo que El nos dice en su manual de instrucciones para el hombre y por convicción obedecerle. Recordemos que Jesús es el “camino, la verdad y la vida” y que mientras el enemigo de nuestra alma, vino a “robar a matar y a destruir”, Jesucristo viene a darnos vida y “vida en abundancia”, de tal manera que Dios esta dispuesto a realizar con nosotros un Pacto para sacarnos adelante. No solo un pacto transitorio o por cierta necesidad, sino total y “eterno”, que trascienda a nuestra propia existencia y se extienda hasta el mas allá.
Cuando analizamos las escrituras del antiguo testamento, vemos que Dios ha hecho siete pactos con el hombre: 1.- El Pacto Edénico, que reguló la vida del hombre en su estado de inocencia. (Génesis 1:26-28), 2.- El Pacto Adámico, que regulo la vida del hombre en su estado caído y nos prometió la salvación por medio de “una simiente” (Que seria Jesucristo, nacido de la virgen María, para ser el redentor de la humanidad. (Génesis 3:14-19) 3.- El Pacto Noético, que reguló la vida del hombre después del diluvio y estableció los principios del gobierno humano. (Génesis 9:1); 4.- El Pacto Abrámico, que reguló la vida del hombre, como un pueblo escogido en la nación israelita y en el, se estableció la base para la futura salvación de los gentiles por medio de Jesucristo (Génesis 15:18) 5.- Luego el Pacto Mosaico, que reguló la vida del hombre en su obediencia a la Ley otorgada a Moisés, en las tablas de los mandamientos. (Éxodo 19:25) 6.- El Pacto Palestino, que reguló la vida del hombre israelita en la cautividad, producida por su pecado y que le prometió su liberación y la restauración de la nación israelita. (Deuteronomio 30:1-9) y finalmente, 7.- El Pacto Davídico, que reguló la vida del hombre en la perpetuidad de la familia y le promete el “reino eterno” y las misericordias a “la casa de David” a toda persona, creyendo, en el Señor Jesucristo. (2º Libro de Samuel 7: 8-17)
En todos estos Pactos, Dios es el que toma la iniciativa y busca al hombre, porque Dios siempre ha buscado que sus criaturas, estén bajo su cuidado y nunca les falte bendición a su casa.
Pero el Pacto que Dios quiere hacer con nosotros, es el Octavo, “El nuevo pacto en su sangre” (la sangre de Jesús, no la de ovejas o carneros) que va a regular la vida del hombre en los últimos tiempos y nos va a dar el genuino acceso a la vida eterna. (Hebreos 8:6-13)
Y este pacto es el mejor, no moralmente, sino en cuanto a su eficacia, porque en los otros siete, las promesas están condicionadas a obedecer la ley, lo cual es imposible, pues “no hay un solo justo” a excepción de Jesucristo.
En el nuevo pacto, Dios hace la obra, no el esfuerzo o “las obras del hombre”, sino “por gracia” nos hace salvos. En este nuevo Pacto, Dios desea que le obedezcamos dando un fruto espontáneo con una mente y un corazón renovados por el Espíritu Santo y no por temor al castigo. Aquí el sumo sacerdote no es un ser humano falible, sino el propio Jesucristo infalible. (Hebreos 7:28) Este tipo de Pacto, garantiza la revelación personal a cada creyente, no importando sexo, color, condición social o económica. Dios lo expresa en la siguiente forma: “Por lo cual este es el Pacto que haré con la casa de Israel. Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo; y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor, hasta el mayor de ellos, porque seré propicio a sus injusticias, y nunca mas me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades” (Hebreos 8:10-12)
Las promesas que se nos dan al pactarnos con Dios son preciosas: Se nos garantiza aquí en la tierra el sustento, el techo, el vestido, la salvación propia y la de todos nuestros descendientes, la bendición de la provisión sobrenatural, la sanidad a todas nuestras enfermedades, la prosperidad y la riqueza sin tristeza, la eminencia en la sociedad, el poder sobre nuestros enemigos y cuando “durmamos”, se nos garantiza que resucitaremos para vida y por tener el pasaporte para la entrada al reino de los cielos, que es Jesús en nuestro corazón, tendremos acceso a la ciudad de Dios y a vivir eternamente en el nuevo sistema de vida, gobernado por el Padre y su Hijo en la plenitud del Espíritu santo.
Yo le animo a que hoy mismo se pacte con Dios. Sea usted sabio y establezca un pacto con el vencedor, Jesucristo; y no con un ángel caído y derrotado. Sea usted más que vencedor y haga que su alma viva para siempre. Dios lo esta anhelando y el espera que usted, haga su pacto eterno con El. ¡Que así sea!
C.P. MANUEL GUZMAN PEREZ