Por un México unido
“……os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:1-3)
La sociedad mexicana esta intranquila. Ha visto durante meses pelear tanto a los miembros de los diferentes partidos políticos, que teme no sin razón, un desenlace violento en el cierre del dos de julio y una negativa a aceptar al candidato triunfador, por parte de los aspirantes a la presidencia de la república perdedores.
Los ciudadanos estamos realmente preocupados porque el clima de la contienda electoral cada vez sube de tono y los ataques y contraataques de los candidatos y sus partidarios, encona mas el ambiente social y nos hace olvidar que solo se trata de elegir a quien nos gobierne en esta tierra los próximos seis años.
Se ha exacerbado tanto la polémica partidista, que estamos ya creyendo, que el candidato ganador, va a hacer lo que quiera con nuestra nación, como si no existiera un Dios que controla a nuestro país, una Constitución Política que nos rige y todo un sistema de gobierno de tres poderes, que no va a ser tan fácil romper, para realizar el capricho del candidato que gane la elección.
Estamos creyendo, que si la “derecha” llega al poder, suprimirá nuestras libertades e impondrá un régimen dictatorial, borrando todo vestigio juarista de laicismo, de separación de las Iglesias y el Estado, introduciendo la religiosidad a las escuelas públicas, aboliendo el sindicalismo y restringiendo todos los credos religiosos y políticos distintos a su visión.
Por otro lado se nos dice que la “izquierda” es un peligro para México, porque si llega al poder, dilapidará el dinero del país en programas populistas, que nos endeudara y nos llevara a una crisis económica destructiva y que restringirá a los ricos en sus ganancias, ahuyentando a los inversionistas extranjeros e imponiendo “el comunismo” en las escuelas publicas y un sistema totalitario que atentará contra todas las libertades privadas.
¡ Nada de esto es cierto! Pues nuestro país no es rehén de los partidos políticos, ni mucho menos están al garete nuestras instituciones. Ya no es posible una incursión cristera, ni un izamiento de la bandera de la hoz y el martillo en palacio nacional. Nuestro país esta por encima de los enconos de conservadores y liberales y lo que los mexicanos aspiramos es a estar en unidad, solícitos en guardar el vínculo de la paz, porque esto es lo que nos conviene a todos.
En el ámbito cristiano, a mi me da gusto que haya tres candidatos a diputados federales, que no por el hecho de contender en diferentes partidos, pierden la visión de lo que Cristo desea de ellos: que sean luz y sal en medio de tanta corrupción: Claudia Hernández en el distrito VI de Puebla, por el Partido Revolucionario Institucional (PRI). El C. P. Raúl Barranco Tenorio, en el distrito XIII de Ajalpan, por el Partido Acción Nacional (PAN) y el C. P. Miguel Ángel de la Rosa Esparza, en el distrito XI de Puebla, por el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Los tres, aunque están inmersos en un lucha por ganar a los electores de sus distritos, saben que las elecciones deben de desarrollarse en un marco de legalidad, para elegir al equipo que lleve el timón de la nave mexicana, pero que de ninguna manera, los partidos que pierdan en las elecciones de los distintos distritos, de las senadurías y de las diputaciones, podrán llevar a nuestra nación al caos, a la locura del desorden y a la rebelión violenta, pues la época del México bronco ya paso y ahora existe un arbitro electoral, llamado IFE, una sociedad civil que estamos vigilantes de lo que se pretenda hacer fuera de la ley y un ejército mexicano leal a la patria, que impondrá el orden en caso necesario.
Estos candidatos de “nuevo tipo”, no olvidan que deben andar como es digno de la vocación de servicio a la que fueron llamados por Dios, con toda humildad y mansedumbre. Recuerdo perfectamente los reclamos de Claudia Hernández, cuando se le quería enjuiciar ante el IFE, por portar en las fotografías de campaña, un dije en forma de pescadito, por ser un “emblema religioso”; o el reclamo que hizo Miguel Angel de la Rosa porque Luis Mora, Presidente de Coparmex, lo “expulso” -mostrando una intolerancia supina- por haber aceptado la candidatura del PRD a la diputación Federal, siendo “gente decente” que la debería aceptar por el PAN. O el grito de protesta de Raúl Barranco Tenorio, cuando se le excluyó de una reunión del PRI con la organización TRASPAC, porque “era conocido panista” y era “un espía”. Ellos recordaron en su momento que tenían que soportarlo todo, con paciencia y amor, porque tenían que dar el testimonio que Cristo desea de ellos.
Pero tal vez lo mas importante sea que independientemente de los resultados que arrojen sus distintas campañas electorales, deberán mantenerse solícitos en guardar la unidad del Espíritu Santo, en el vínculo de la paz entre ellos y con otros contendientes, pues no se nos va a ir la vida porque gane las elecciones un candidato por el que no votamos ni tampoco se va a acabar México porque un candidato planteaba cosas que a nuestro juicio no van a funcionar.
Apenas hace unos días, llegó mis manos un “MANIFIESTO CON MOTIVO DE LAS ELECCIONES 2006” donde un grupo de ciudadanos de diferentes credos, partidos políticos y personas sin partido, nos manifiestan que lo mas importante para los mexicanos en estos días electorales, es comprometernos en buscar la unidad nacional, para que, independientemente de los partidos y las personalidades por los cuales votemos, las elecciones se desarrollen en un marco de “fraternidad, respeto, dialogo y verdad”. Recojo esos valores ahí expresados, porque verdaderamente necesitamos un poco de oxigeno entre tantos gases lacrimógenos que nos envían los fanáticos de los distintos partidos políticos:
Fraternidad “como vocación común a todos los ciudadanos” mediante la “donación total de nuestros talentos personales” y como un “principio básico de cohesión social” que nos permita no atentar contra nuestra comunidad.
Respeto, entendido como una actitud de valorar la dignidad de nuestro oponente, comprendiendo que es otro ser humano igual a nosotros.
Dialogo, como una comunicación de dos vías, en la que se hable y se escuche, en el que se exponga y resuelva, en el que el ciudadano se haga grande y la autoridad se haga pequeña.
Pero sobre todo manejar la verdad, porque la verdad es Cristo y si no hablamos con este valor, se vuelve un clamor de ciegos, guiando a otros ciegos y todos cayendo en los hoyos de sus propias malicias.
Así como nos esta uniendo el fútbol, debe unirnos el amor por nuestros colores nacionales, por nuestro himno, por nuestra bandera, porque si después de las contiendas electorales nos dividimos, ya no tendrá sus colores nuestra vida nacional. Y si después de haber triunfado algún candidato, se empeña en pintarnos a todos del color de su camiseta partidaria, nada valdremos, pues la riqueza de nuestra vida democrática es la policromía en la pluralidad y la unidad en el libre albedrío.
C.P. MANUEL GUZMAN PEREZ